¿Alguna vez te has enfadado? Si la respuesta es sí, ¡calma! Ya que, a todos nos ha sucedido, y por supuesto, es una emoción que se puede controlar.
El enfado genera ciertos cambios fisiológicos en nuestro cuerpo. Además, éste, trata de avisarnos sobre lo que está ocurriendo en nuestro mundo interior y exterior. Si quieres saber un poco más sobre esta emoción y cómo puedes gestionarla, ¡te lo explicaremos en el artículo de hoy! ¡Presta atención!
El enfado o la rabia, no es más que un mecanismo interno que nos previene de algo que no nos gusta o que simplemente nos está incomodando. Por lo tanto, el enfado, es una emoción que funciona como un mecanismo de defensa que nos permite combatir el malestar. Normalmente, aparece cuando una situación está muy alejada de nuestras necesidades y creencias como individuos. Es decir, nos estamos enfadando es porque en ese preciso instante una de nuestras necesidades no está siendo satisfecha.
En consecuencia, nuestro organismo responde con diferentes reacciones filológicas que nos avisan sobre lo que tenemos que hacer frente a la situación.
Para poder descubrir las razones de tu enfado, es preciso que analices detalladamente cuáles son los motivos de tu enfado. Para empezar, debes cerrar los ojos y pensar por un momento en una discusión que hayas tenido recientemente con otra persona. ¿Qué fue lo que ocurrió en ese instante?
Es muy probable que hayas tenido algún motivo, válido, para sentirte mal, sin embargo, debes centrarte en la necesidad real que estaba latente cuando apareció el enfado. ¿Necesitabas un poco de silencio? ¿Diversión, cariño o reconocimiento? Pregúntate cuál era tu necesidad real.
También es importante que en esta práctica puedas cambiar de rol. Para ello, es necesario que te preguntes sobre cuál habrá sido el motivo que tuvo que tener la otra persona implicada. ¿Qué necesidad que no pudo satisfacer había detrás?
Debes imaginarte que eres la otra persona. ¿Qué necesidad crees que pudo tener? ¿Necesitaba respeto, amor, reponer las energías, jugar?
Ahora bien, ¿Cómo ves la discusión? ¿Lo sigues viendo desde el mismo punto de vista? ¡Probablemente no!
Ten en cuenta que ninguna persona, o la gran mayoría de ellas, buscan una discusión de manera voluntaria o por placer. Pero, en muchas ocasiones, nos hemos encontrado con dos personas con necesidades no satisfechas que no encuentran solución alguna para satisfacer sus necesidades, por lo que se acaba generando un conflicto.
Recuerda que si prácticas este ejercicio mejorarás de manera significativa tus relaciones.
En el momento que detectes que se va a disparar un enfado, debes pararte y hacerte un par de preguntas:
¿Qué necesidad mía no está siendo cubierta? Y luego deberás preguntarte, ¿Qué posible necesidad de la otra persona no ha sido satisfecha?
Si en un momento de enfado tratamos de cubrir las necesidades de cada persona, desde la tranquilidad, perspectiva y respeto, podremos entender la postura de cada uno de los involucrados y se podrá manejar de una mejor forma la situación.
En este momento es necesario que hagas una búsqueda de las posibles soluciones, para ello deberás cubrir ambas necesidades en la medida de lo posible, validando así ambas necesidades como realidades legitimas e igualmente importantes.