Mi corazón no para de latir, siento que voy a morir
Las exigencias del día a día laboral, familiar y social nos incluyen en un mundo lleno de situaciones que, en principio pueden estresarnos, agotarnos y hasta generarnos ansiedades. Debemos “si o si” ser productivos y eficaces en lo que hacemos, logrando que todo fluya a tiempo y forma. Se nos exige la mayor efectividad en el menor lapso de tiempo.
Ese ritmo es muy difícil de seguir si a nuestra labor cotidiana le agregamos el tránsito hacia la oficina, la crianza de nuestros hijos y el desarrollo profesional. Son muchos factores para ocuparse y a veces no sabemos colocarnos a nosotros mismos un límite a lo que realmente podemos hacer. Un momento para detenernos que nos daría un espacio para pensar y comenzar luego con mucha más energía.
La incapacidad de leer nuestros límites mentales y físicos nos predispone a situaciones de vulnerabilidad, que pueden afectar nuestra salud física y mental. Vulnerabilidad que a veces nos hace chocar con los límites que no nos supimos poner, a la fuerza, de modo abrupto.
Nuestro cuerpo a veces emite sensaciones muy cercanas a reacciones que nos pueden aterrar. Latidos intensos de nuestro corazón, sensación de inestabilidad general, sudor inexplicable y de aparición repentina, hacen que la persona se encuentre con un panorama muy poco agradable que no hace más que asustar.
¿Alguna vez has sentido aquella sensación donde todo tu mundo se vuelve irreal? ¿Una sensación de que todo lo que te rodea se vuelve grande y tu bien chiquito, y donde tienes la necesidad de pedir que alguien esté a tu lado para sentirte seguro?
Un posible motivo de estas sensaciones
Leer y escuchar acerca de los ataques de pánico, se ha convertido en algo frecuente y cotidiano, y también se ha convertido en un motivo muy frecuente de ausencias laborales, y problemas y en las relaciones interpersonales.
El ataque de pánico tiene su concepto, que breve claramente describiremos. Pero no queríamos dejar de mencionar que se presenta de variadas formas e intensidades y que puede generar en la persona distintas lecturas, sensaciones y limitaciones.

¿Qué es esto tan desagradable que me ocurre?
Son episodios que ocurren de modo repentino y abrupto. En aquel momento surge un sentimiento de terror intenso ligado a la posibilidad de morir, que no tiene motivo externo o aparente y que no se logra colocar en palabras.
La falta de control sentida descontrola a la persona que lo padece, y no logra organizarse para enfrentar este sentimiento, sintiendo mucha angustia.
Sobre todo, en los primeros episodios, la persona se siente incomprendida por lo que suele buscar recursos como aislarse socialmente, para lograr que no se repita el episodio.
Los síntomas físicos del Ataque de Pánico
Aquel sentimiento de terror intenso que se conecta con la idea de la posibilidad de nuestra propia muerte se debe a que el cuerpo ante el episodio puede presentar los siguientes síntomas físicos:
– Dolor en el pecho
– Falta de aire
– Dificultades para respirar
– Palpitaciones
Al sentirse fuera de sí, junto a los síntomas físicos, se percibe un sentimiento de despersonalización, donde no se puede parar de pensar: «¿Qué es lo que me está ocurriendo?, Yo no soy así…yo no era así». La persona no se reconoce.
Marcando una diferencia con los episodios de angustia en donde el sujeto cuenta con una elaboración psíquica mayor sobre lo que puede sucederle; en el caso del Ataque de Pánico nos hace saber que no logramos organizar la realidad de nuestro mundo durante el episodio.
¿Qué puedo hacer ante todo esto que me ocurre?
Una frase muy conocida es «el conocimiento es poder«. Conocer para construir herramientas eficaces para actuar sobre los episodios nos dará la confianza y el control necesario para sentirnos seguros ante los episodios.
Y una clave muy valiosa para ello es apostar a nuestra Inteligencia emocional. Esta, como una de las tantas inteligencias existentes, nos invita a pensar sobre la importancia de conocer nuestras emociones para obtener recursos valiosos a la hora de una crisis de angustia o ataque de pánico.
Entender, expresar y saber cómo lidiar con nuestras emociones es el entrenamiento diario al que debemos focalizarnos, entrenamiento que debemos alimentar.
Algunas de las herramientas para entrenar nuestra Inteligencia Emocional, pueden ser:
Si nos cuesta encontrar cómo poner en práctica estos movimientos, nunca dudes en dejarte acompañar por un psicólogo, quien sabrá regular y respetar tus tiempos en este proceso.